miércoles, 30 de mayo de 2012


Amores perversos II

Entonces, qué hacer?
Entender como primer paso:
En los amores enfermos, la parte perversa necesita de un par. El apoyo, sometido o cómplice, juega de partener de este vínculo, a modo de motor irremplazable para el plan trazado por quien lo domina. No es cierto que el perverso mantenga el control absoluto del vínculo. La victima acepta ocupar el rol otorgado. Por su puesto que la neurosis y la inteligencia están  yendo  por caminos diferentes, pero es necesario que dos estén unidos para que el juego siga su curso.
El primer signo de sanidad y necesidad de escape, es lograr ver al manipulador como un ser NO ABSOLUTO, carente, imperfecto y déspota. El discurso de los perversos narcisistas sobre sí mismos no admiten confesar ningún yerro, defecto o dolor. Este primer símbolo que linda con un ser deshumanizado y perfecto, debe ser la luz roja que nos pone en sobre aviso sobre alguien incompleto. El sufrimiento justificado, el errar y la imperfección son descripciones que se ajustan a las personas en su calidad de seres humanos.
El perverso mantendrá siempre un discurso halagador consigo mismo. Narrará hazañas y logros, sabiduría y experiencia, capacidades que limitan con la omnipotencia y la verdad absoluta. El secreto está en poder cuestionarse, aunque sea de manera interna esas verdades, y no tomarlas jamás como absolutas. Desmoronar a conciencia “sus verdades” es el primer paso para correrse del lugar al que el perverso desea someter a su interlocutor. Es muy común escucharlos decir “ la gente me dice cómo es que no soy millonario con todo lo que hago y logro”” Yo viví mucho más que vos y puedo enseñarte” ”Me gusta saber que tenes el potencial para ser mejor y que me dejes mostrarte como” ”Llorar es cosa de mujeres” “El amor es para los tontos” “”Soy lo mejor que te pudo pasar” “yo decido cómo, cuándo y dónde” “Nadie es tan capaz como para hacerme daño” “Si me decido a ser malo, puedo ser letal” “Yo solo hago lo que quiero cuando quiero”.
Estos argumentos, déspotas, amenazantes y falaces en su gran mayoría, alimentan la necesidad del manipulador de creer su propio discurso. Y es el mismo alegato que somete y amedrenta a la víctima, y que, por otra parte la seduce y la coloca en un sitio especial: “el de ser la elegida por alguien con tanto poder y autoestima”. Si se logra analizar lo dicho por el perverso, no hay nada de superlativo, absoluto, veraz y cautivante. Son simples herramientas que utiliza en su afán de de jugar con el otro.
Minimizar sus verdades, experiencias, profecías y directivas, consejos y normas para con uno mismo, es poder despegar de sus deseos de posesión.
El perverso necesita creer sus propias invenciones, agigantarlas, revolcarse en ellas, y aunque algunos de sus dichos fueran veraces, siempre traerán consigo una cuota necesaria de  magnificencia y poder. Finalmente, el poder reside en cada uno: perverso y sometido, ya que uno no existe sin el otro. Esta trampa-unión que existe entre el perverso narcisista y su víctima se crea a fuerza de espacio y convicción. A partir de un tipo de manipulación concreta conocida como comunicación paradójica, el perverso narcisista consigue persuadir al otro de que es culpable de todos los defectos y las fallas que acontecen a su alrededor, así podrá repudiarlo y agredirlo "justificadamente" en lugar de despreciarse a sí mismo.

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